ONE SHOT - Ted Bundy (Serial Killer) - Georgeann (victim) - CRIMEN
DISCLAIMER: One-shot basado en la confesión de Ted Bundy sobre el asesinato de una de sus víctimas, Georgeann Hawkins.
A pesar de que tuvo dos intentos algo fallidos, pensó que tardaría más tiempo, pero el timing fue preciso y él la había visto caminar calle abajo horas antes a la casa de quién parecía ser su novio sin duda. A la medianoche, y a menos de dos cuadras un día lunes, durante la época de finales, no esperas que nadie aparezca. Eso lo sabía él, pero también sabía que el plus de su bolso, el cabestrillo en el brazo y las muletas lo ayudarían como ya lo habían ayudado antes. Intentaba no culparlas, pero era imposible no hacerlo, ¿cómo pueden creerle a un simple ciudadano que aparece de la nada?.
Ted se dirigía calle abajo, caminando algo torpe por las muletas, e intentando hacer malabares con el maletín que seguía descolgándose de su hombro. Probablemente eso mismo fue lo que hizo detenerse por un par de segundos a la chica al volver calle arriba a la casa donde vivía, para luego despreocuparla y seguir su camino en dirección a Ted, encontrándose justo al medio en un sector estratégico debido a la escasa iluminación del callejón que unía todas casas. Era alta, de vivaz cabello castaño claro, y unos ojos grandes y azules; una belleza natural. Le sonrió incluso antes de que él solicitara su ayuda, y finalmente cuando Ted le preguntó si podía ayudarlo a llevar el maletín que segundos antes dejó caer con la intención de obtener su atención, ella accedió sin vacilar demasiado, ¿cómo no ayudar a un desvalido con un brazo quebrado?.
Cruzaron, y retrocedieron calle abajo otra vez, para posteriormente doblar entre los patios a una calle anexa que llevaba a uno de los varios lotes de estacionamiento para estudiantes, lugar donde esperaba el VW de Ted, con el crowbar y las esposas justo debajo del mismo.
Ella se inclinó para dejar el maletín en el asiento del pasajero, y fue entonces cuando recibió el primer golpe que la hizo caer ahogando un pequeño gritito, dejando de quejarse segundos más tarde. Con agilidad Ted se quitó las muletas, las lanzó al interior, luego el cabestrillo de su brazo impecablemente sano y se dispuso a ponerle las esposas para evitar su posterior alteración cuando recobrara el sentido, pues así esperaba que lo hiciera, aunque de todas formas estarían de camino hacia las montañas por la interestatal para ese entonces.
Las calles estaban desiertas, y Georgeann se despidió del territorio estudiantil para siempre cuando Ted apretó el acelerador para salir del área, aunque claramente ella no lo sabía.
Minutos más tarde, nuevos quejidos de la chica lo sacaron de su pequeño trance en el que ya se imaginaba con ella a solas en medio de la nada.
-¿Sí? ¿Estás bien no?- pronunció impávido ante los murmullos que salían de la boca de ella; recobraba la lucidez al parecer, aunque no muy rápidamente, pues parecía estar divagando sin mucho sentido. -¿cómo te llamas?-.
Al cabo de varios segundos llenos de pequeños quejidos en los que ella se movía lentamente y abría los ojos con dificultad mientras parte de su rostro seguía empapado en sangre, escuchó lo que parecía ser su nombre. -George… me…llaman George.-
-Todo está bien George… un gusto conocerte, otra vez…-exclamó con tono grave esta vez, dándole un vistazo rápido, recorriéndole el vestido que cubría parte de sus piernas para luego volver a mirar la carretera.
-¿Dónde vamos? ¿estudiaremos español? Tengo un exámen…- comentó entre leves quejidos tocándose la cabeza, pero sin saber realmente que era lo que sucedía. -¿Eres mi tutor de español?- preguntó y Ted la observó de reojo esta vez deseando que se callara en ese instante, aunque admitía que esa última pregunta había sido jodidamente extraña pero divertida; un atisbo de sonrisa cruzó fugazmente su rostro entonces.
Pero ella siguió hablando.
-¿Dónde vamos?- preguntaba mirando por la ventana y apoyándose contra el respaldo de lleno, ladeándose e incluso entrecerrando los ojos. -Me duele…-
-Cállate George, ¿sí? Queda poco para llegar.- pronunció con desgano y a la vez molestia, tratando de mantener la compostura, pero de igual forma se apoderó del crowbar con la mano libre y cuando ella volvió a articular palabra, elevó el brazo con tal de interrumpirla al darle un nuevo golpe al costado izquierdo de su cabeza y otro en su cuerpo a la altura del pecho, al azar pero con fuerza.
-¡Qué te calles estúpida!- espetó al filo del enojo para luego de observarla una vez más caer inconsciente, ahora inevitablemente apoyada contra la puerta. Inhaló y se recompuso mientras recorrían las últimas millas antes de perderse en el ingreso al bosque.
Necesitaba llegar rápido, no podía desperdiciar los minutos de inconsciencia ni menos arriesgarse a que muriera… todavía.
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